EMPEZAR A VIVIR

El pronunciamiento del juez fue claro: debía abandonar mi casa. Se la había donado a mis hijos para evitarles trámites burocráticos y decidieron venderla conmigo dentro. ¡A quién se le ocurre, doña Paca!, me dijo al terminar el juicio. Nos conocíamos del barrio. Yo regentaba un quiosco y le había fiado muchos chicles de fresa ácida cuando no era más que un crío escuchimizado de rodillas puntiagudas. Él me ayudó a inscribir telemáticamente mi solicitud para entrar en este asilo. Me atrajo que estuviera junto a un desguace, siempre me han gustado las metáforas. Y acerté. Al principio mi estado de ánimo era lluvioso, no voy a mentir, tenía el corazón empapado de tanto llorar para dentro. Pero luego llegó Encarna. Cada tarde me regala una flor que, cuando nadie mira, arranca del jardín. Hemos decidido empezar a vivir juntas. En una habitación doble donde no se pone el sol.

Finalista de mayo en el XIV Concurso de Microrrelatos sobre Abogados
Palabras del mes: asilo, flor, inscribir, lluvioso, pronunciamiento

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