PERDER EL JUICIO

Estaba a un paso de conseguir la fama cuando, en el penúltimo capítulo, el protagonista de mi novela prefirió preservar su intimidad y se largó a un molino de la España vaciada en busca de la tranquilidad que yo no le daba con mis disparatadas ideas, dijo. Retoqué entonces a un personaje secundario para sustituirlo, pero por más que intentaba disimularla, su panza era visible incluso escribiéndola con letra minúscula. Para colmo, la coprotagonista de la obra se negó a ser su Dulcinea, y eso que intenté sobornarla con suntuosos tejidos y brocados. Nada, que de simple campesina no pasaba, me advirtió.

Seguí adelante de todos modos aun a riesgo de que el editor se percatase. Y se percató. Me ha denunciado por incumplimiento de guion. Mi abogado dice que, aunque lo tengo complicado, se va a partir el lomo para defenderme. ¡Es todo un personaje el Licenciado Vidriera este!

Finalista de octubre en el XIII Concurso de Microrrelatos sobre Abogados
Palabras del mes: riesgo, preservar, tejido, visible, paso

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