UN HOGAR

Parecía un sueño, pero no, era real. ¡Y precioso! Estaba abandonado en la acera, al lado de los contenedores de papel y cartón de la Avenida Principal. Al acercarme vi que tenía un par de muelles rotos y la tela rasgada en uno de los brazos, pero el sofá aún se erguía majestuoso y elegante sobre sus estilizadas patas de madera. No me encontraba lejos de la calle en la que vivía, así que cargué con él poniendo mucho cuidado para no dañarlo. El esfuerzo mereció la pena. Berta aplaudió feliz en cuanto lo vio. Apartamos el cazo, la sartén, el carrito y los cartones y lo colocamos justo debajo de la farola, alejado de las frías corrientes que llegan de la parte norte de la ciudad. Lo contemplamos durante un instante eterno antes de atrevernos a sentarnos en el borde, despacio, mientras escuchábamos el leve quejido de sus entrañas al sentir por primera vez el roce de nuestra piel. Después, como amantes consagrados, apoyamos el peso de nuestros cuerpos cansados en su respaldo y nos abandonamos a su abrazo cálido y confortable. Esa noche soñé con más intensidad que nunca que, además de un hogar, teníamos una casa.

Finalista en el III Concurso «Fama Sofás».

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