CLASES

En mi colegio todos tienen una tablet. Menos yo, que me tengo que conformar con un cuaderno de tapas sobadas y un bolígrafo que se queda sin tinta en mitad de los dictados. Me da una rabia…

Cuando la profe dice que abramos la aplicación, yo paso las hojas de mi cuaderno y elijo una página en blanco. Y cuando pide que busquemos en Google esto o lo otro, yo miro al techo e intento recordar lo que comenta mi padre con sus amigos mientras juegan al dominó en el bar. Otras veces adivino. O me lo invento.

Mis compañeros se burlan de mí; que estoy en las nubes, dicen, pero en realidad presto más atención que nadie. Cada cosa que oigo la grabo en mi cabeza como si fuera un pendrive. No puedo permitirme borrarlo.

El día que le pregunté si podía entregar mis trabajos escritos a mano, la profe me sonrió un poco raro y dijo: «Claro, todo cuenta». Aunque sé que no todos contamos lo mismo. Dicen que la educación es un derecho, pero yo creo que se parece más a una suscripción premium: unos tienen acceso completo y otros solo la versión de prueba.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Una idea sobre “CLASES”