Lo vi en una tienda de segunda mano, al lado de una cafetera italiana y unos cascos con cable.
En la butaca del salón quedará de maravilla, pensé. Y así fue. Es un abuelo precioso, y apenas habla. Aunque cuando llora, no sé qué hacer: venía sin manual de instrucciones.
Finalista en el XII Certamen de relatos YK

17 ideas sobre “SIN GARANTÍA”
Ostras, Margarita, qué fuerte. Me ha encantado. Pobre abuelo. Ya llegaremos nosotras a eso y veremos quién nos rescata para su salón. Un abrazo muy fuerte.
Ahora que soy abuela, lo que estoy pensando es comprarme un amplio salón con todas las comodidades «habidas y de por haber» y sin un solo adorno humano superfluo. Y a sentarme en un mullido sofá a ver salir el sol por Antequera.
Por si acaso.
Un abrazo.
Tienes el corazón de obsidiana, Margarita, eres capaz de revender al pobre anciano en Wallapop (y además sin hacerte cargo de los gastos de envío). Pero piensa que esas lágrimas seguro tienen alguna historia melancólica (las más interesantes y literarias de las historias) que contar.
Consigues que «tener el corazón de obsidiana» parezca algo bonito.
Corazón de obsidiana. Corazón de obsidiana. Corazón de obsidiana.
Suena a Serenata Nocturna de Chopin, ¿no te parece? Quizá sea tu forma de pronunciarlo.
Pero tú no te refieres a esto con las historias melancólicas, ¿verdad?
Ya sabía yo que una cuentista como tú, acostumbrada a escribir en equilibrio sobre la más estilizada de las vocales, valoraría el sentido estético de un corazón de obsidiana. El órgano del sentimiento y un mineral cargado de simbolismo en un mismo sintagma. Si lo piensas bien, es un gran título para un cuento: “El corazón de obsidiana”. Sobre todo si se escribe bajo el embrujo nostálgico de una sonata nocturna de Chopin.
No me des ideas, que me conozco 😉
Me gustaría leer tu versión.
Reto literario: tú haces tu versión y yo la mía y en un mes a partir de hoy vemos los resultados. Sin competición, solo por diversión.
¡Pero cómo va a venir un abuelo con manual! Los abuelos no necesitan manual de instrucciones para que hijos y nietos puedan usarlos.
No hacen ruido, no presumen, no exigen; simplemente están ahí. Y están ahí antes de que los llamen, pendientes de lo que necesitan sus hijos y nietos, incluso aunque ellos no lo sepan. Siempre disponibles de una forma que nadie más está.
Y por supuesto, sin alardes, sin reclamar mérito y sin pasar factura, porque no es un esfuerzo.
Es nuestra manera de seguir siendo parte y dejar huella.
Pero…¿Qué te voy a contar a ti que tu no sepas?
Un beso.
A ver, Javier, que cosas más raras se han visto y se verán. Ganas me dan de copiar y pegar tu comentario en un pergamino, con letra bien grande y legible, y publicarlo en redes, mallas y telas de araña si es menester (iba a colgarlo en los árboles, pero ahí seguro que lo lee menos gente) para que se entere el mundo.
Que conste que coincido contigo, eh. Sobre todo en eso de «seguir siendo parte y dejar huella» (sin necesidad de pisar a nadie). Sin duda es bonito ser abuela. ¿Lo será tanto ser nieto? Tendremos que preguntarles.
Y sigue contándome, que tu experiencia y conocimientos son mucho más vastos que los míos. Y en todos los sentidos.
Un beso
Pobre abuelo. Para allá vamos y si no vamos nos llevan…Abrazos.
«Si el diablo no nos lleva antes», dice mi madre. Pero antes de que nadie nos lleve a ningún sitio, intentaremos ir solas. Abrazazo.
Que bonito es leerte y que me remueva el corazón.
Va a sonar ñoño, pero ni te imaginas la ilusión que me hace que estés aquí. Un beso grande 😍
Brutal!!
Yo no podría definirlo mejor, la verdad.
Muy bueno! Te toma por sorpresa. ¡Saludos!
Muchas gracias, Franco. Confío en que se quede en pura ficción.
Un saludo