Lo vi en una tienda de segunda mano, al lado de una cafetera italiana y unos cascos con cable.
En la butaca del salón quedará de maravilla, pensé. Y así fue. Es un abuelo precioso, y apenas habla. Aunque cuando llora, no sé qué hacer: venía sin manual de instrucciones.
Finalista en el XII Certamen de relatos YK

2 ideas sobre “SIN GARANTÍA”
Ostras, Margarita, qué fuerte. Me ha encantado. Pobre abuelo. Ya llegaremos nosotras a eso y veremos quién nos rescata para su salón. Un abrazo muy fuerte.
Ahora que soy abuela, lo que estoy pensando es comprarme un amplio salón con todas las comodidades «habidas y de por haber» y sin un solo adorno humano superfluo. Y a sentarme en un mullido sofá a ver salir el sol por Antequera.
Por si acaso.
Un abrazo.