NUNCA LLUEVE A GUSTO DE TODOS

Exactamente lo mismo que decía cuando estaba viva repite noche y día desde que murió. Incluso con el deje andaluz ese que practicaba frente al espejo para parecer forastera. Al principio nos sorprendía oír su voz saliendo de la tumba y muchos, asustados, nos encerramos en casa. Pero con el tiempo llegó la costumbre. Y la noticia a los informativos. Y los turistas al pueblo.

Ahora somos famosos.

Su muerte nos ha cambiado la vida, claro que sí, y estamos contentos. Aunque empieza a preocuparnos la huida paulatina de nuestros difuntos. Que no pueden descansar en paz, dicen.

 

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