Él, que nunca había bebido, celebra la muerte de su padre con un generoso lingotazo de vino. Ahora podrá deshacerse de las tierras de su familia, piensa, olvidarse al fin de las vides, del lagar, de la pestilente bodega y dedicarse a lo que siempre ha deseado: escribir.
Su primera novela pasa desapercibida y de la segunda apenas vende cincuenta ejemplares, pero insiste. Escribe y escribe y apenas duerme y se olvida de comer, solo escribe. Hasta que con la tercera gana un prestigioso premio que lo convierte en el autor de moda. En todas partes se habla de él. Sus seguidores en redes sociales se cuentan por decenas de miles.
Cambia de ropa y de novia, de casa, de coche, de ciudad. Ya no queda nada de aquel muchacho áspero y gris que nunca había bebido. Embriagado de éxito, se cree Dios, un dios que crea y manipula a sus personajes hasta llevarlos al límite para después dejarlos caer. Siento pena de él. Todavía no se ha dado cuenta de que el que escribe esta historia soy yo.
Finalista en el X Concurso de Microrrelato Ilustrado. Universidad de Jaén
Ilustración: Jorge Verdú Ayud

