CUESTIÓN DE PRIORIDADES

Dos días antes de que comenzasen las fiestas patronales del pueblo, justo en ese momento en el que la noche se extiende sigilosamente entre las esquinas, cayó un meteorito en mitad de la plaza. Se llevó por delante guirnaldas, templetes, algodones de azúcar y todo lo que encontró a su paso. El socavón, inmenso y profundo como un primer amor, se llenó con las inclementes lluvias que no cesaron hasta tres meses más tarde. Pertrechados con un chubasquero, incrédulos y consumidos por la inquietud, los vecinos nos arremolinábamos en la zona para no perder detalle. Hasta que un martes por la mañana, con un tímido sol de testigo, la alcaldesa se quitó la ropa, se tiró de cabeza y empezó a nadar. Fue entonces cuando algunos trajeron sombrillas y extendieron a toda prisa las toallas de playa con el apresto todavía intacto. Alguien montó un chiringuito y puso música de reguetón a todo volumen. Y llegaron enjambres de turistas de exóticos colores y los hoteles crecieron como un sarpullido de varicela. ¡Al fin aparecemos en los mapas! Estamos muy contentos, aunque con tanto bullicio hace tiempo que no oímos ya los lamentos de los que quedaron sepultados en el fondo.

Relato ganador del mes de diciembre en la XII edición del Concurso de Microrrelatos “Microconcurso La Microbiblioteca”

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