Él, que nunca había bebido, celebra la muerte de su padre con un generoso lingotazo de vino. Ahora podrá deshacerse de las tierras de su familia, piensa, olvidarse al fin de las vides, del lagar, de la pestilente bodega y dedicarse a lo que siempre ha deseado: escribir.
MicrorrelatoIlustrado
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Cada martes, a las 15:30 h, nos vemos en el hotel. Siempre en la misma habitación. Yo llego primero y preparo el terreno: bajo la luz, ajusto la temperatura y pido que suban una botella de cava. Durante dos horas solo existe esa habitación: las cortinas cerradas, las sábanas revueltas, […]