ARREPENTIMIENTO

Un error en la numeración de las páginas, eso fue lo que me salvó la vida. La 512 ocupó el lugar de la 125 y así me enteré de que el novelista pensaba matarme. Bueno, él no, o al menos no directamente: iba a utilizar a mi mejor amigo. Ocultándome tras los adverbios para que nadie me viera, me moví entre los capítulos, y en el tercero descubrí a mi mujer encamada con él. En ese párrafo lo entendí todo. Su deslealtad me dolió más que saber que iba a morir. Tuve que agarrarme con furia a un adjetivo descalificativo para evitar saltar sobre ellos y descubrirme. Conté hasta cien, regresé al capítulo trece y cogí la escopeta del sheriff. Pacientemente esperé apoyado en una conjunción adversativa a que cayera la noche y entonces me escurrí del libro. A pesar de que mi autor me había creado con complexión atlética, me costó un gran esfuerzo arrastrar el pesado volumen sobre el escritorio hasta el borde. Extenuado, le di un último empujón, cayó al suelo y las palabras quedaron esparcidas sobre la moqueta. Al oír el ruido, tal y como había supuesto, el escritor entró rápidamente en el cuarto. Fue entonces cuando lo encañoné y le hice tragarse una a una todas sus palabras.

Finalista diciembre VII Concurso de La Microbiblioteca

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