Don Julián era un hombre flaco como un lápiz y tan alto que parecía que podía tocar la luna con tan solo ponerse de puntillas y alzar el brazo lo que le obligaba a andar desgarbado ya que tenía que hacer auténticos esfuerzos para mantener el equilibrio.
Fue al ver los desechos de la industria que hay cerca de casa. Me quedé mirándolos embobado y ya no pude pensar en otra cosa. Sería algo nuevo, lo nunca visto, y Ella se fijaría al fin en mí.
La pequeña de la casa cumple años y la fiesta resulta un éxito. Después de dar buena cuenta de los bocadillos y la tarta, la veintena de niños se sientan alrededor del abuelo y escuchan sus historias ensimismados.
Érase una frase impersonal que, lejos de subordinarse a normas gramaticales, se citó con un sujeto al que le gustaba predicar con el ejemplo. Se enamoraron en el primer acto y se fueron a vivir juntos a un soneto,
—Llevaré un libro. —Yo una flor en el ojal.
Como es natural, me declaré inocente, pero la parte contraria alegó que las pruebas obraban en mi contra y me condenaron sin que mi abogado, un tipo abstruso al que contraté por ser el más asequible, hiciera nada por evitarlo.
Urbano insiste en que él es un empresario comprometido con el Medio Ambiente, que estudió con precisión todas las variables —grado de humedad, inclinación del terreno, fuerza del aire, índice de erosión, nivel de salinidad—