Mi cumpleaños llega con una carpeta bajo el brazo y aspecto de funcionario cansado. Ni globos, ni serpentinas, ni esas alas de papel pinocho que se ponía cuando todavía éramos jóvenes y teníamos las rodillas llenas de postillas y de futuro. Viste una chaqueta beis llena de pelotillas y unas zapatillas ortopédicas con cámara de aire.
—¿Quién eres tú y qué has hecho con mi cumpleaños? —le pregunto mientras le observo rebuscar en el cajón de los cubiertos.
—Madurar —responde sin dramatismo tras sacar una vela, un sacacorchos y un ibuprofeno—. Te recuerdo que hoy cumplimos sesenta años. Y a ciertas edades hasta la fantasía necesita antiinflamatorios. —Se rasca una oreja, carraspea y continúa—: Porque los sesenta son los nuevos sesenta, Reina. No nos hagamos trampas al solitario con eufemismos de autoayuda ni discursos de tazas motivacionales. Ya tenemos una edad para llamar a las cosas por su nombre y reírnos al mismo tiempo.
Deja la carpeta sobre la mesa del salón y suspira como quien viene de discutir con Hacienda.
—Traigo documentación.
—¿Documentación de qué?
—De nosotros. Aquí está el inventario oficial de las cosas perdidas y de los sueños aplazados, de nuestras personas favoritas, incluidas las que ya no están, y de las canciones que hemos destrozado en el karaoke.
Abro la carpeta. Dentro hay fotos borrosas, entradas de cine, recetas médicas, un billete de tren arrugado y una lista escrita a mano que se titula: «Veces que sobreviviste incluso cuando pensabas que no».
No puedo evitar emocionarme un poco, pero él me arrea un cariñoso manotazo en el hombro.
—Eh, eh, nada de ponerse solemne, que todavía no hemos llegado a la edad en la que te regalan agendas.
—Sesenta años —musito, sintiendo un leve vértigo en el estómago—. Suena a velocidad máxima permitida en casco urbano.
—Suena a posición de ventaja —me corrige.
Abre la nevera, aparta un yogur, saca un resto de tortilla de patatas que me ha sobrado de la cena, le quita el papel de plástico que la cubre para que no se seque y coloca la vela sobre ella.
—A estas alturas ya no tienes que pasar ninguna reválida ni pedir permiso para respirar. Las opiniones ajenas cotizan a la baja, casi tanto como el euríbor —carraspea, se sube las gafas y continúa—. Mírate: has sobrevivido a modas espantosas, a desamores de folletín, a noches en blanco y negro. Y estás entera. Eso no es envejecer, amiga mía, eso es empezar a distinguir lo importante del ruido.
—Vale, vale, no te pongas filosófico que no te pega nada. Por cierto, ¿qué ha sido de mi tarta de chocolate? —protesto con un mohín.
—Este año no hay tarta. Ya comes suficiente chocolate todos los días, ¿o te crees que no te veo?
Nos sentamos en el sofá. Muy juntos. Mi cumpleaños se quita las zapatillas y descubro que lleva calcetines disparejos. Sonrío.
—¿Y las alas? —pregunto.
—Tú y yo ya no necesitamos alas para volar.
Ambos nos quedamos en silencio hipnotizados por el crepitar de la llama de la vela. Luego él se pone en pie con cierta dificultad, como un héroe cansado al final de una saga mediocre, y me tiende la mano.
—Venga. Pide un deseo y sopla —me ordena, mirándome con una ternura salvaje que me desarma—. Y ni se te ocurra pedir volver atrás, eh. ¿Te imaginas tener que estudiar otra vez y repetir todos los exámenes que has hecho?
—Puff, me entra ictericia solo de imaginarlo.
—Pues eso. Pide seguir teniendo el santo valor de mandar a paseo a tanto gilipollas como anda suelto y de disfrutar de lo absurdo. Porque el viaje sigue siendo jodidamente interesante.
Apago la vela de un soplido limpio.
Y brindamos con vino tinto, ese que no deja dolor de cabeza y sí buenos recuerdos.
En la calle alguien arrastra un contenedor como si estuviera moviendo un cadáver incómodo. Tras las cortinas ya se adivina la luz todavía salpicada de sombras. La casa huele a tortilla, a madrugada, a futuro.
¡Feliz 20 de mayo!


26 ideas sobre “CUMPLEAÑOS FELIZ”
«…La casa huele a tortilla, a madrugada, a futuro.»
Maravilla por escrito. ✍️
Gracias Margarita 👌
Que el futuro no nos sea indiferente, como cantaba Ana Belén.
Gracia a ti, Antonio.
What a wonderfully human, witty, and deeply moving piece of writing. It captures that rare balance between humor, melancholy, and emotional truth in a way that feels effortless and authentic. The image of a birthday arriving like a tired civil servant carrying a folder under its arm is absolutely brilliant — funny, tender, and symbolic all at once.
My birthday wants to thank you for your kind and affectionate words. It also says that age is starting to show a little, but that it plans to join a gym so it won’t look so tired on its next visit. And that you’re invited to a piece of Spanish omelette.
Sensacional, Margarita. Me gusta sobremanera ese «suspira como quien viene de discutir con Hacienda». Enhorabuena y….¡muchas felicidades!
El mérito es de Hacienda, tan inspiradora ella. No respeta ni a nuestro cumpleaños.
Muchas gracias por comentar, Sergio.
Que absoluta maravilla, me encanta 🥰 “los 60 suenan a límite de velocidad en casco urbano 😅”, y sin embargo internamente aún sentimos que podemos seguir pisando el acelerador y disfrutar de la velocidad y el vértigo de lo desconocido. Definitivamente nuestros 60 son los nuevos 60. Muchas Felicidades!!!
Es cierto que siento el ronroneo del vértigo con los 60 ya en mi calendario personal. Pero sí, de momento no he quitado el pie del acelerador y me arriesgo a la multa y a sentir el viento en la cara (y ya puestas a ser peliculera, a que se me vuele el pañuelo 😊).
¡Muchas gracias, jrgsanta!
Me identifico con las vivencias, reflexiones y sensaciones de este texto, será porque pertenezco a esa «quinta».
Que seas feliz en tu día, Margarita (como decían «Los payasos de la ‘tele'»).
Un abrazo
¡Qué «quinta» más buena, Ángel! Somos los de la Gallina Turuleta, ¿qué puede salir mal?
Un abrazo grande, como tú.
Los que tenemos ya muchos megabytes de memoria acumulados en la cabeza (y en el corazón también) nos deleitamos cada vez menos con las visitas de nuestro cumpleaños. Antes lo disfrutábamos cuando venía con una tarta adornada con pocas velas, con bolsas de chupachups (¿o se dice chupachuses?, mejor piruletas) para los compañeros del colegio y con un madelman de la policía montada del Canadá de regalo (o una Nancy para las chicas, que antes los juguetes sí eran sexistas); pero ahora, amiga, las velitas se han transformado en números de cera porque ya no caben en la tarta, viene acompañado de un dolor nuevo cada año y con unas gafas bifocales de regalo. Ahora no es raro recibirlo con una catilinaria (gracias por la palabra), aunque lo mejor es intentar surfearlo sobre la espuma de los años y autorregalarse un capricho (un libro siempre está bien) que no estaba previsto en el presupuesto.
¡Feliz cumpleaños, Margarita!
¡Un madelman de la policía montada del Canadá, madre mía! Lo recuerdo perfectamente. Siempre me gustaron más los regalos de mis hermanos. Pero esta es otra historia.
Un genuino viaje al pasado con la Nancy de compañera y la bolsa de medio kilo de caramelos (yo no llevaba piruletas porque entonces el presupuesto era más limitado que el límite de circulación) para repartir justo antes de salir en fila al recreo.
Se me escapa una sonrisa al recordarlo.
Cuando cumplí 13, quizá 14, me compraron mis primeros pantalones blancos. Y cada año me los ponía el día de mi cumpleaños para instaurar que ya había llegado el buen tiempo, aunque en la calle estuviese jarreando. Conservo este ritual. Aunque ya no es lo mismo: ahora tengo más de un par, incluso alguno de invierno, y ya no debo esperar hasta el 20 de mayo para vestirme de blanco de cintura para abajo y sentirme así la muchachita más alba de la comarca.
Sigo esperando con la misma delectación de entonces la visita de mi cumpleaños a pesar de que ahora las velas son diferentes, más grandes para poder verlas mejor, y la tarta tiene menos azúcar para digerirla mejor. Esa sensación de tener al lobo con sus fauces abiertas pegado al tobillo y saber que esto ya no es un cuento. Aun así.
Tú sigue surfeando, ¿vale?, que yo te contemplaré desde la orilla y te aplaudiré a rabiar.
Dicen que el chocolate (en realidad sería el cacao) es beneficioso pero, como casi todo menos la edad, en su justa medida. Como dice tu cumpleaños, a estas edades que ya tenemos, lo mejor es el placer que nos proporciona apartar el ruido mandando a paseo a unos cuantos gilipolleces y, por desgracia, son legión. Así que brindo con un Ribera de tu tierra porque en Ceuta hay caballas con piriñaca, pero de tintos van muy escasos.
Felicidades amiga.
Siempre me haces reír, Guillermo. ¿Puede haber mejor regalo?
No tengo ni idea de lo que es la piriñaca (acabo de buscarlo); ahora me acordaré de ti cuando la coma. Sí, mejor un Ribera para brindar con los amigos. Y una buena tableta de chocolate negro también, eh. Y la música bien alta para mantener alejado el «ruido», gilipollas incluidos.
Brindo por ti. Y por estos ratitos 🥂
Muchas felicidades, guapa. Que esta edad tan buena que tienes te traiga muchos momentos placenteros y que nos veamos pronto. Un abrazo muy fuerte😘
Muchas gracias, Aurora. Lo mejor de cumplir años, además de estar viva, es que se acumulan los recuerdos, los bolsos en el armario y los abrazos. Espero que podamos seguir sumando los nuestros muy pronto. 😍😘
Porque los sesenta son los nuevos sesenta, Reina.…!!increíble!! Y así es, Pero los tuyos son maravillosos.
Para mí queda haber empezado esta década prodigiosa contigo. 🧡
¡Qué preciosidad, Margarita!
Cuánta dulzura, emotividad y, sobre todo, realidad sin dramatismos.
Yo no puedo quejarme de mis 60, porque me regalaron una celebración preciosa rodeado de familiares y amigos. Pero me imagino a ese duende fiestero que me visita; el pobre no vendría con una carpetita sino cargado con un baúl más grande que el de Willy Fog, lleno de tantas cosas como dejé pasar, tantos errores, tantos intentos…
Pero seguro que me obsequiaba con esa misma visión optimista del «que me quiten lo bailao». Mirar más el presente, achicar los ojillos para atisbar el futuro con precaución y dejar el pasado solo para recordar todo lo bueno vivido.
No destaco ninguna frase, porque sería un desprecio hacia todas las demás. Si me tatuara todas las que me gustan, y las que llevas acumuladas, le haría la competencia desleal a «El Hombre Ilustrado» de Bradbury. Pero el párrafo de la «reválida» es para leérmelo todos los días delante del espejo cuando ese tío me mira condescendiente y desganao.
Si el relato es autobiográfico, ¡¡¡FELICIDADES!!!
Y si no lo es, pues también, ¡¡¡FELICIDADES!!!, por el relato, por ser una fabulosa y fabuladora contadora de cuentos, por tener «má arte» que diez museos juntos. Y, por supuesto, Gracias siempre por regalarnos esas sonrisas que se dibujan solas, esos golpesitos en el corasonsito cuando una palabra o frase pincha, esa agradable sensación de haber pasado por tu casa y compartir una tortilla (¿se puede pedir mejor manjar?).
Abrazo Grande, amiga trobadora.
Tu comentario es un relato en sí mismo, Jose Antonio. Según te leía por tercera vez (y habrá más lecturas), imaginaba a los dos cumpleaños juntos, el tuyo y el mío, hablando de sus cosas -que no necesariamente tienen que ser las nuestras-, poniéndose al día por la noche, comiendo tortilla y torreznos, compartiendo acentos y risas, líneas quebradas, baúles, recetas; sacándose del bolsillo una chistera, mirando el techo con los ojos cerrados, buscando el futuro con una brújula desnortada, recitando poemas a la luna nueva, poniendo en pie al infinito. Y sacando de una caja de cerillas tantas velas como años sumamos y todos los deseos que hemos pedido antes de soplarlas.
Nuestros cumpleaños son el mejor regalo de la vida. ¡Por muchas visitas más! 🥂
Ah, y que no me falten tus abrazos.
Ayyy.. qué cosa más bonita! Ojalá tuviera tu habilidad para expresar lo que he sentido leyéndote.
Mil besos….
Ya lo has hecho, mi querida amiga. Qué regalo verte por aquí.
Besos mil.
¡Eh, qué bueno está eso! Yo también cumplo 60 este año. Ni idea de qué son las alas de papel pinocho, pero me ha gustado muchísimo: ni exámenes ni gilipollas. ¡Ja! ¡Feliz cumpleaños!
El papel pinocho era un invitado frecuente en la clase de manualidades del colegio. Tiene una textura flexible y arrugada estupenda para hacer pajaritas, lazos, alas y cualquier cosa que se le antoje a tu imaginación. Lo mejor es que puedes estirarlo sin que, ni siquiera yo, con mis manazas torpes, se rompa. No sé si los jovenzuelos de hoy en día seguirán utilizándolo o habrán inventado algo «más mejor».
¡Qué buena añada la del 66, Teresa! Brindo por nosotras 🥂
Qué bonito. Qué precioso. Qué manera de despertar mi inspiración. Gracias. Realmente ha sido un cumpleaños feliz.
Todavía me dura la resaca, no te digo más.
Y si además tu inspiración se ha estirado en la cama justo antes de levantarse, ha puesto la radio y no deja de mover el esqueleto mientras le pasa el plumero a las ideas que tienes por ahí desperdigadas pues… ¡qué más podemos pedir!