SIN ARREGLO

La cinta de vídeo vuelve a atrancarse, ¡qué rabia! De tantas veces como la he visto los colores están desgastados y las voces son tan solo un murmullo ininteligible, aunque no me importa. El problema es que como ahora no se utilizan estos aparatos, no hay nadie que los arregle. Que ya no hay piezas de repuesto, dicen, y me miran con una mezcla de lástima e incredulidad mientras intentan venderme un teléfono de esos con cámara incorporada.

Mi hija les da la razón y me repite machacona que debo modernizarme. ¿No ves que en esa cinta estamos todos?, intento explicarle, y si te fijas bien hasta puedes ver al futuro de refilón detrás de nosotros. Pero nada, no hay forma de que lo entienda, sigue empeñada en que me deshaga de él. Y en llevarme a una residencia.

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