Después de peinarme las trenzas, me esparce el protector solar por la cara con la misma parsimonia con que unta la mantequilla en las tostadas.
Cuando murió la abuela, nos trasladamos a vivir a la ciudad; ya nada nos retenía en el pueblo, pero mi madre no se acostumbra. Se queja de que los huevos no saben a gallina, la harina está demasiado refinada y los hornos eléctricos son un fiasco y se le queman las tartas. Donde esté un buen horno de leña, se lamenta mientras termina de planchar mi caperuza roja.
El lobo le pega cariñosos lametones en las piernas para animarla; está tan preocupado que se niega a dejarla sola y no sale a la calle ni siquiera para hacer sus necesidades.
No sé cómo va a terminar todo esto. Quizá no debería haberme empeñado en reescribir mi historia.
Publicado en la antología del 7.º Concurso de Microrrelatos Círculo Creativo. Fundación Círculo Burgos.

8 ideas sobre “DAÑOS COLATERALES”
Muy buena adaptación, Margarita. Me da que les va a costar adaptarse al cambio. Sobre todo al lobo.
Saludos .
Creo que las únicas que se alegran son las ovejas. Para echarse a temblar.
¡Gracias, Alfonso!
Un saludo
Ni Perrault, ni Andersen, ni los Grimm, donde se ponga mi CuentaCuentos del Brezo que se quiten los lobos edulcorados de bosques asustones. Los de la vida real son muchísimo más terroríficos y convivimos con ellos. Menos mal que su alteza real, la Dama de los Micros con Mensajes, siempre tiene preparado un buen varapalo para ellos.
Mis felicitaciones. No se puede decir más con menos.
Abrazo Grande.
Estos cuentistas están a punto de levantarse de sus tumbas ante tamaña comparación. El problema es que, en cuanto te conozcan, no querrán volver a ellas. Dónde van a estar mejor que charlando con un Gran Hombre como tú. Igual entre todos arreglamos un metro cuadrado del mundo. Y oye, tacita a tacita…
Gracias, Jose Antonio. Siempre (y digo siempre) me arrancas una sonrisa, carcajada o similar. Y eso es ya un tazón.
Abrazazo.
Qué bonito Margarita, Me ha encantado!!
Muchas felicidades.
Besicos michos.
No sabes cuánto me alegro. Bueno, sí lo sabes, y eso le da más valor.
Un millón de gracias. Y de besos, Nani.
De lo mejor. ¡Eso de «los huevos no saben a gallina» lo dice mi madre! Y yo no tengo mucho de caperucita 🙂 Y el lobo, que se ponga a entretenerse con los videojuegos.
Tu madre es muy sabia. Y ahora entiendo yo que tú no lleves caperuza roja (por lo de los genes lo digo). Lo del lobo es una pena: cada vez hay más ovejas y acabaremos convertidos en puro rebaño; o a lo peor, encerrados en un videojuego. O a lo peor peor peor resulta que debería contarme un cuento antes de ir a dormir. Seguro que mañana recupero las ganas de aullar.
Abrazazo 🧡