TODO SOBRE MI MADRE

Como cada tarde, coge el cubo y el estropajo y camina los dos kilómetros que la separan del camposanto. Si el invierno ha sido generoso, el regato baja con agua y se ahorra comprar la botella de litro y medio en el puestecillo de flores. No es gran cosa, pero desde que tuvo que dejar de trabajar porque la tristeza la mantenía demasiado ocupada, la única holgura que se permite es la de la ropa. Después de limpiar la lápida, con el agua que sobra riega las macetas de plástico y se enjuaga las lágrimas para que no note que ha llorado. Aparta de su rostro el pelo, afina la voz y me cuenta lo que ha oído esa mañana en la radio. Lo hace para darme ideas, porque siempre soñé con ser escritor e imagina que aquí abajo no habrá nada que me inspire. Luego, de vuelta en casa, se sienta frente al televisor apagado e imagina que todo esto no es más que el guion de una película rara, como esas de un director español que yo solía ver. Y si hay suerte, se queda dormida.

Finalista en el XI Concurso de Creación de Microrrelatos «Universos mínimos». USAL. Salamanca.

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