TERAPIA ANIMAL

Solo dibujando aquellos bisontes en la pared conseguía calmar mi ansiedad, aunque mis padres no lo entendían y ponían el grito en el cielo cada vez que tenían que pintar de nuevo la habitación. Me llevaron a un montón de especialistas que me recetaban pastillas y me daban electroshocks. Pero no fue hasta que les recomendaron un gato para aumentar mi sociabilidad que empecé a mejorar. Y es que desde el principio nos compenetramos muy bien. Cuando se acabó la sangre de mis padres, me ayudó a conseguir más. Tampoco él puede vivir ya sin mis dibujos en la pared.

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