POBRES

Vivíamos de lujo. O eso creíamos hasta que el del ático advirtió que nos faltaba un pobre. Todos los barrios que se precian tienen pobres, dijo con ese tono suyo de saberlo todo. Y nos abrió los ojos. Rápidamente pusimos anuncios en la prensa que nadie contestaba. Los pobres no leen los periódicos, nos reprochó arrogante. Escribimos entonces los anuncios en hojas recién arrancadas de una libreta sin estrenar que clavamos en los árboles. Tampoco obtuvimos respuesta así que salimos a buscarlos. Encontramos uno que accedió a trasladarse a cambio de un suculento sueldo. Vestido con andrajos perfectamente conjuntados, se sentaba en una esquina y nos pedía algo de comer cuando pasábamos a su lado. Muy profesional. Pero enseguida dejó de ser pobre y se compró una casa cerca de la nuestra. Y lo mismo ocurrió con los siguientes: con esos sueldos tan altos, los pobres no tardaban en hacerse ricos. No nos quedó más remedio que turnarnos entre nosotros para hacer de pobre. Todo iba de maravilla hasta que alguien prendió fuego al cajero con el del ático dentro mientras dormía. Ahora ya nadie quiere hacer de pobre. Y esa sensación constante de que nos falta algo es insoportable.

Publicado en el libro recopilatorio del IV Concurso de microrrelatos «Círculo Creativo”. Fundación Círculo Burgos.

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