MIS MUSAS INFUSAS

En casa se notan ya los nervios de los preparativos, y eso que todavía faltan casi tres semanas, pero no quieren dejar nada para última hora. Con tanto alboroto no hay manera de escribir.

Mariana, la más presumida, elige palabras sonoras y elegantes como «cáspita», «serendipia», «alcancía» y «colibrí» para confeccionarse con ellas un vestido a medida. Y en los zapatos de tacón introduce un pie de página para evitar rozaduras.

Marina, tímida y cursiva a partes iguales, no quiere quedarse al margen y, para hacerse unos pantalones, aprovecha las estrofas sobrantes de un soneto que remata con versos heptasílabos, abalorios y mucha rima consonante.

Ambas, con un puñado de puntos suspensivos, se hacen un bonito collar, y Mariana, además, consigue un sombrero muy coqueto con un acento circunflejo que tenía yo guardado para alguna ocasión especial.

—Recuerda hacer acopio de guiones o no podremos entablar conversaciones —habla Marina con voz atiplada mientras se guarda a escondidas bajo el refajo unas comillas por si surgiera una cita.

Y así, sin darnos cuenta, se desliza el tiempo, y los renglones también, y llega el día 7, y casi el final del relato, y de un par de saltos de página se plantan las dos en el recinto y desaparecen entre la multitud.

Entonces escribo una nota que cuelgo bien visible en la puerta del despacho: «En septiembre, si quieres inspiración, del 7 al 17 ve a la feria de Albacete».

Finalista en el VI Concurso “Sucedió en la Feria” (Albacete)

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