MENDIGO

Tiene que madrugar si quiere pillar sitio. Cada vez son más los que salen a pedir y hay que espabilarse para llegar el primero. Está harto de pelearse por las esquinas.

Camina deprisa, así espanta el frío. La lluvia es lenta y plácida, de las que empapan los cuerpos. Hoy tampoco ha desayunado y el hambre le revuelve el estómago. Al doblar la calle se da de bruces con una familia numerosa instalada en mitad de la acera. Esquiva por muy poco al más pequeño. Con esa carita de ángel es muy fotogénico, piensa sin poder evitarlo, y escupe una exclamación de fastidio sobre el asfalto. Se aleja con paso apretado, cabeza gacha, las manos en los bolsillos.

Elige al fin un trozo de calle seca y angosta bajo la cornisa de un edificio viejo, justo al lado de la entrada del metro. Alisa sus ropas mojadas y se aparta el pelo pegado de la cara. Saca el móvil, carraspea, sonríe, se hace un selfie y lo sube a las redes sociales. Luego, espera y, en cuanto pasa el primer viandante, le pide un like.

Finalista en el VIII Certamen de microrrelatos «Javier Tomeo» de temática social.
Asociación Literaria y Artística Poiesis y la publicación Compromiso y Cultura. Aragón.

 

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