DEMASIADO PESO

Mis padres llevaban años ahorrando para ese viaje. Nos iba a encantar, repetían emocionados y con la voz exhausta por el duro trabajo. Y mis hermanos y yo, de tanto oírlo, soñábamos con el mar y, a falta de fotos, tratábamos de imaginar la ciudad con sus calles trazadas con tiralíneas, los edificios que rozaban el cielo y el sonido frío de los copos de nieve al chocar contra el asfalto. Incluso aprendimos algunas palabras sueltas del nuevo idioma que nos producían un cosquilleo agradable en el estómago al pronunciarlas.

Unos días después de mi décimo cumpleaños nos pusimos en marcha. Aprovechamos la noche para ir dormidos y que el camino se hiciera más corto. Pero éramos tantos y tantos los nervios que fue imposible conciliar el sueño. El tiempo se me hizo tan largo que tuve la sensación de que nos hacíamos mayores. Y así hubiera sido de no ser por el agua que comenzó a inundarlo todo, incluidas nuestras ilusiones.
Fui el único superviviente. Muchos años después todavía guardo la escueta noticia que salió en el periódico: «demasiado peso, insostenible para una barca tan pequeña» .
#viajessostenibles

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