LOS BISONTES DESORIENTADOS

El cangrejo llegó con pasitos cortos y una nota del futuro entre sus pinzas. Su cara colorada por el esfuerzo auguraba alguna noticia importante.

El león la leyó y se le pusieron los pelos de punta. No había tiempo que perder: en dos días, nueve horas y trece minutos la aldea desaparecería bajo las pezuñas de una estampida de bisontes desorientados. Eso si no lo evitaban antes.

Convocó con urgencia al Consejo, elegido por todos los animales, para tratar de encontrar una solución.

Decidieron, como primera medida, enviar un mensaje al líder de los bisontes indicándole los senderos habilitados para sus correrías. El calamar se puso inmediatamente tentáculos a la obra y lo redactó con esmerada caligrafía. Adjuntó, además, un detallado plano de la zona por si necesitaban información adicional. Mientras esperaba que se secase la tinta, la paloma hacía ejercicios de calentamiento con sus alas.

Como plan B, acordaron levantar una empalizada de madera sobre el perímetro de la aldea. El pájaro carpintero salió volando para ponerse al frente de las obras. Cargaba el burro con los troncos, el elefante los clavaba en los hoyos que hacía el topo y la araña lo forraba todo con su tela blanca, brillante y resistente.

Durante dos días con sus noches, la aldea fue un hervidero de frenética actividad: liebres que corrían de un lugar a otro llevando alimentos y bebidas, hormigas que ocultaban bajo tierra las cosas de valor, halcones con sus ojos avizor en busca de alguna señal, escarabajos que jugaban a la pelota para no molestar.

Y entre tanto ajetreo, un cocodrilo lloraba nervioso, dos peces jubilados intentaban recordar y la marmota dormía.

El tercer día amaneció radiante y el gallo cantó su quiquiriqui en clave de sol para anunciar que los bisontes habían encontrado su camino. Para celebrarlo, la cigarra cogió su guitarra y los flamencos comenzaron a bailar; los pingüinos tocaban las palmas, las ranas daban saltos de alegría, el avestruz asomó la cabeza ruborizado y la hiena reía feliz. Peces globo, luciérnagas, coloridas plumas de pavo real,…

Todos participaron con alegría de la fiesta. Y fueron felices y vivieron de fábula.

A lo lejos, detrás de la línea del horizonte, un mamut contemplaba orgulloso la escena.

 

Cada cual tiene sus capacidades. Pon a trabajar las tuyas y reconoce y acepta las que tienen los demás y juntos haréis frente a las adversidades.

1er premio en el IV Certamen Literario «Agenda Creativa 2016». Índigo Crea. Valladolid.

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